La disciplina en la segunda infancia (4 – 7 años)

INTRODUCCIÓN

Cuando tenemos en clase algún que otro niño revoltoso o travieso, nos preguntamos y solemos preguntar a los demás qué podríamos hacer con tal chico, para que se adapte a la dinámica de lo que nosotros creemos que es normal en el aula.

Tan obsesionados nos ponemos con estos chicos que muchas veces se nos olvida preguntarnos y preguntar a los demás qué podemos hacer con los otros niños, con los que no nos dan tanta lata.

En principio estos apuntes pretenden responder a las posibles preguntas sobre qué hacer con todos los niños del aula, del colegio. Es posible que si acertamos a dar respuestas más acertadas a estas cuestiones con respecto a todos los niños habremos solucionado adecuadamente, indirectamente y casi sin pretenderlo el problema de los niños difíciles.

Estos apuntes se entregarán a los tutores de Infantil y Primer Ciclo de Primaria, en sesiones semanales. Es recomendable irlos leyendo semanalmente, aunque sea una sola vez. Si bien el texto completo no tiene «desperdicio», señalamos con letra diferente y subrayada los textos que creemos más interesantes.

Estos apuntes, por último, no pretenden dar lección ninguna al profesorado, sino que constituyen un «aireamiento» de las ideas que ya por profesión y experiencia se dominan. Esperamos que sean de alguna utilidad. Con eso nos daremos por satisfechos.

1a SESION

Creemos que no existe ningún maestro que dude de la gran importancia de esta etapa y sabemos que aprender a educar a los pequeños no se consigue leyendo muchos manuales, sino con la experiencia vivida día a día. La familia introduce muchas actitudes y hábitos, pero el niño no tiene en ella todas las experiencias ni satisface todos los aprendizajes que le son necesarios, además no es conveniente para él vivir siempre rodeado de gente que lo proteja: es preciso que conviva con iguales junto a la figura del maestro que le oriente, le eduque, le forme y le ayude a desarrollar todas sus capacidades.

En la escuela el niño tiene que encontrar unas relaciones afectivas y una seguridad que le permitan conseguir una autonomía para ir adquiriendo de forma natural y según su ritmo los aprendizajes.

Lo más importante es que adquiera seguridad, se sienta amado, y que por él mismo y a través del medio que le rodea vaya adquiriendo unos conocimientos e interiorizando unas actitudes: de socialización, de relación con los adultos y compañeros, de aceptación de unas pautas sociales, de unos hábitos que le ayuden a irse preparando para ser capaz de asimilar más adelante unas normas que faciliten una buena integración.

Cuando hablamos de hábitos en la educación de los niños, hacemos referencia a unas conductas que, desde la óptica del educador, él ha de manifestar y que ha de adquirir mediante el ejercicio cotidiano de ciertas actividades que se consideran generadoras de hábitos por el hecho de ser repetidas.

Los hábitos los podemos considerar como requisitos previos a cualquier tipo de aprendizaje. Realmente si los niños no saben estar sentados en silencio, abrocharse la bata, lavarse las manos… hablar en voz baja, de uno en uno y no todos a la vez… no se puede trabajar y esto es fuente de indisciplina.

Se pueden entender los hábitos como un conjunto de actitudes que conforman una manera de hacer, de ser y de pensar. Son un medio para conseguir los objetivos de autonomía.

El niño tiene necesidad de experimentar, investigar y observar todo aquello que tiene a su alrededor, por esto lo debemos poner a su alcance a fin de ampliar su campo de posibilidades.

El papel del maestro está entre la observación de los pequeños en sus actividades y el de animador en los momentos que convenga centrar la atención en algún descubrimiento concreto, dar ideas cuando algún niño o grupo esté desorientado, o bien reconducir la dinámica general del trabajo si ésta se aleja de los objetivos.

En toda sesión, sea cual sea su finalidad, es importante encontrar: buena predisposición, participación y ambiente adecuado que facilitará la asimilación de conceptos y un clima agradablemente disciplinado.

A continuación presentamos una serie de consejos que se han ido recogiendo y experimentando a lo largo de varios años; los calificamos de técnicas y procedimientos porque, aunque no se ciñan estrictamente a su definición, sí cumplen su cometido.

Con ello intentaremos mejorar las conductas de los alumnos en general, evitar las inadecuadas y modificar las del alumno-problema en particular.

Técnicas y procedimientos para lograr un bienestar en la clase

Antes de pasar a detallar las técnicas de refuerzo y los procedimientos o estrategias que actuarán como preventivos de indisciplina, consideramos que la organización de la clase afecta claramente a la forma de comportarse de los alumnos; por ello debemos procurar que en la medida de lo posible:

la clase sea un espacio amplio, soleado, bien ventilado, con una temperatura agradable y con una iluminación adecuada, ya que los alumnos y maestros pasan la mayor parte del tiempo lectivo en ella;

– sea un lugar sin peligros para evitar las prohibiciones y estar siempre en disposición de responder a demandas de los niños,, potenciar y sugerir interrogantes, mantener a su alrededor un clima de descubrimiento, ayudando así a adquirir una actitud de aprendizaje;

– la proporción de alumnos por profesor no sea muy elevada, para que la distribución de las mesas facilite tanto el trabajo individual como el de grupo y permita una cierta movilidad a los niños más inquietos, sin molestar al resto;

– el mobiliario sea suficiente: armarios para uso del alumno, colgadores y lugar propicio para guardar tanto los trabajos personales como los de grupo o los materiales didácticos;

– se pueda usar con facilidad un material común, que sea suficiente, accesible, ordenable y reponible;

se cree un ambiente agradable con dibujos de los niños, flores, murales, sin olvidar la limpieza y el orden, que procuraremos mantener implicando a los propios alumnos; una estima por la propia clase permitirá su conservación y ayudará a disfrutar de un ambiente tranquilo y agradable.

Es importante tener en cuenta la actitud del profesor. Debe potenciar todas aquellas actitudes que fomenten la autonomía, la relación, la confianza con los compañeros y la ilusión por el aprendizaje.

El aprendizaje debe llevarse a cabo de una forma libre y llana, descubriendo por medio del juego y la diversión, y no por la imposición de unas actividades que no interesan y que tienden a desembocar en un ambiente indisciplinado.

Para todo ello es básico en estas edades conseguir un bienestar en la clase, recogiendo la iniciativa de los niños y teniendo en cuenta su afán por todo lo nuevo.

REFUERZO SOCIAL-POSITIVO

El refuerzo es la acción encaminada a obtener la fijación de determinada conducta.

Puede venir de los profesores que animan, estimulan, controlan con miradas, palabras, sonrisas … y gracias a ello mejoran o modifican el comportamiento del alumno, pero también los compañeros pueden actuar como agentes reforzadores y como modelos de comportamiento.

En la escuela infantil el refuerzo y la motivación tienen que acabar siendo el trabajo bien hecho, el beneficio que reporta la tarea, la superación de uno mismo y no el premio que se obtiene. No obstante se puede reforzar también la conducta esporádicamente, a través de diversos estímulos:

conceder al alumno un premio inesperado a un buen trabajo realizado;

palabras de alabanza;

– prestarle un poco más de atención;

darle algún refuerzo comestible, como caramelos, alguna chuchería…

– sonreírle demostrando conformidad;

– hacer un gesto de aprobación;

– exponer su trabajo públicamente;

– recibir un aplauso de los demás;

– hacerle una foto mientras trabaja;

– permitirle participar en determinados juegos y excursiones;

– utilizar algún distintivo como premio (pegatinas), esto sería un refuerzo simbólico;

– hablar con los padres valorando sus trabajos y sus cualidades;

– dejar que ayude a niños más pequeños y más lentos;

– poner su música preferida;

– aceptar que elija libremente puzzles, construcciones… y dejar tiempo para ello;

– permitir al alumno sentarse en su sitio preferido y con los mejores amigos;

– darle libertad para que elija una actividad;

– el profesor dejará salir primero al patio al que ha terminado antes su trabajo y ha recogido sus cosas;

– alabar el trabajo de uno de los alumnos con dificultades a fin de estimular a los demás;

– escribir comentarios marginales en los trabajos;

– mantener un contacto ocular con ellos;

– hacer comentarios positivos siempre que sea posible;

– conversar agradablemente con los alumnos;

– dedicar especial atención a un alumno cuando lo consideramos oportuno;

– mostrar el alumno personalmente su trabajo, a otra clase para que se le valore, sobre todo cuando le ha resultado dificultoso;

– dejar tiempo libre a los niños para cantar, hacer títeres o pequeñas representaciones, recitar poesías, ver diapositivas, vídeos de dibujos animados, con la finalidad de que estas actividades agradables potencien conductas positivas;

– premiar las conductas adecuadas e ignorar las no deseables, así como el fomentar comportamientos cooperativos, puede tener éxito con determinados alumnos. Es conveniente tener en cuenta que no todos los alumnos son reforzados de la misma forma y en el mismo momento.

PREMISAS

Los profesores que se basan en el reforzamiento positivo se convierten en poderosas figuras de refuerzo. El rendimiento del alumno puede mejorar modificando en sentido positivo las expectativas del profesor hacia ellos.

Las reprobaciones, amenazas, calificaciones negativas y otras formas de desaprobación social son frecuentemente ineficaces.

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No se pueden dar respuestas definitivas sobre los efectos del refuerzo, positivo y negativo en el proceso académico, ya que se tiene que pensar en las diferencias individuales. Y, según sea la persona, puede tener más éxito una forma u otra de refuerzo.

Thonipson y Hunnicutt (1944), establecieron que el feedback positivo o negativo produce efectos muy diferentes en los alumnos extrovertidos que en los introvertidos. El elogio es muy efectivo en los alumnos introvertidos mientras que el feedback negativo es más eficaz en los alumnos extrovertidos.

El refuerzo también tiene influencia en otros aspectos del desarrollo del niño. Afecta su sentido de autoestima y su status en el grupo, ambos son altos en un sistema escolar positivo. Los niños que notan que sus profesores tienen una buena opinión de ellos, rinden más y tienen un mejor concepto de sí mismos.

El profesor no puede dar con demasiada frecuencia órdenes sencillas como «siéntate», «no llores», «cállate», pues está demostrado que acelera el hecho de levantarse, llorar y hablar.

Los refuerzos deben ser equiparados a las respuestas de los alumnos (no se puede dar un refuerzo grande a una respuesta pequeña).

Antes de dar un refuerzo al niño, es conveniente recordar las etapas de desarrollo y los estadios necesarios y sucesivos que van desde la necesidad de autoridad en la etapa egocéntrica, a la autodirección. En la segunda infancia los niños pasan de necesitar ayuda y hacer preguntas, a comenzar a responsabilizarse. Si suprimimos o simplificamos estas etapas crearemos indisciplina.