Tema 2: Dimensiones alteradas en los cuadros de Espectro Autista.

Tema 2: Dimensiones alteradas en los cuadros de Espectro Autista.

Según el Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM-5), una guía creada por la Asociación Americana de Psiquiatría que se utiliza para diagnosticar trastornos mentales, las personas con trastornos del espectro autista tienen:

⊲ Dificultad para comunicarse e interactuar con otras personas

⊲ Intereses limitados y comportamientos repetitivos

⊲ Síntomas que afectan la capacidad de esa persona para desempeñarse en la escuela, el trabajo y otras áreas de la vida

Se utiliza el término “espectro” para describir el autismo porque existe una amplia variación en el tipo y la gravedad de los síntomas que experimentan las personas con esos trastornos.

Los trastornos del espectro autista ocurren en todos los grupos étnicos, raciales y económicos.

Si bien pueden durar toda la vida, los tratamientos y servicios pueden mejorar los síntomas y la capacidad de funcionar de las personas con trastornos del espectro autista. La Academia Americana de Pediatría recomienda examinar a todos los niños para detectar si tienen autismo. Todas las personas que cuidan a niños deben hablar con sus pediatras sobre la evaluación del autismo.

A. Etapas del neurodesarrollo

Clasificación de las etapas del neurodesarrollo

Los humanos no nacemos con todas nuestras capacidades cerebrales listas para ser utilizadas. Están ahí, en el programa que contiene nuestro ADN humano, y progresivamente van “manifestándose” a medida que crece nuestro sistema nervioso. El neurodesarrollo es un proceso lento que empieza en la concepción y no cesa hasta la muerte. Alcanzar la madurez cerebral requiere toda nuestra infancia y adolescencia, dura aproximadamente 20 años…

La “velocidad” del neurodesarrollo no es, ni mucho menos, constante. En estos 20 años habrá momentos en que el encéfalo –la parte del sistema nervioso que está contenida en el cráneo: cerebro, cerebelo y tronco del encéfalo– aumentará de tamaño a una velocidad asombrosa y otros en que parece que esté estancado su crecimiento. Generalmente en estos períodos de crecimiento rápido es también cuando más cambios y adquisiciones se aprecian en el neurodesarrollo.

Como el neurodesarrollo es tan complejo, he pensado que para facilitar su comprensión, y con fines meramente divulgativos, podríamos dividirlo en etapas. Pero teniendo en cuenta no solo la edad, como se hace habitualmente, sino nombrándolas según la facultad más relevante adquirida en cada una de ellas.

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Etapas del neurodesarrollo

El neurodesarrollo es un fenómeno que sucede en un continuo, no hay separación real, no existen etapas. Además, en todo momento suceden simultáneamente múltiples procesos y adquisiciones de muy variadas habilidades. Pero siempre hay alguna adquisición que “protagoniza” cada etapa, porque en ese momento tiene mayor peso o su aparición es más notoria que las demás. Caracterizando estas etapas, podemos simplificar la observación del desarrollo del sistema nervioso.

Siempre hay que tener en cuenta la variación individual, que es enorme, por eso las edades señaladas para separar una etapa de otra son aproximadas. Aclarado que en el neurodesarrollo todo sucede simultáneamente, propongo dividir el neurodesarrollo en 4 etapas

  1. Neurodesarrollo anatómico

El desarrollo anatómico, la adquisición de la estructura cerebral tal cual será en el cerebro adulto, es el fenómeno que predomina en el neurodesarrollo prenatal –vida intrauterina– (¡gracias, mamá!).

neurodesarrollo anatómico. Durante la gestación la velocidad del neurodesarrollo, embrionario y fetal, es rapidísima y suceden fenómenos extraordinariamente complejos. Esto es evidente ya que la célula postconcepcional –cigoto– se convertirá en un complejísimo organismo vivo, un ser humano, del que su cerebro se lleva la palma en complejidad ¡y en solo 38 semanas!

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La velocidad de crecimiento es asombrosa en este período: en 9 meses el cerebro alcanza un peso de unos 350g y la capacidad craneal tiene un perímetro entre 33 y 36 cm de media.

Para entenderlo aún mejor, podemos a su vez subdividir esta etapa de neurodesarrollo anatómico en tres, de modo que cada “subetapa” coincida con un trimestre del embarazo y caracterizar cada trimestre según los fenómenos más significativos que suceden en el neurodesarrollo:

  • En el primero predomina la generación de nuevas células.

Podríamos llamarlo subetapa de génesis celular.

  • El segundo trimestre se caracteriza sobre todo porque las células se agrupan conformando los distintos órganos –cerebro, cerebelo, tronco del encéfalo, médula espinal y nervios– del sistema nervioso.

La llamaremos subetapa organizativa.

  • En el tercero empieza el aumento de tamaño de estos órganos, que como sabemos no acaba con el nacimiento.

Bien podríamos decir que es la subetapa del crecimiento anatómico.

Al final de la gestación el feto, cada uno de nosotros antes del nacimiento, tendrá un cerebro en el que pueden distinguirse sin dificultad las estructuras características del cerebro humano. Si bien la madurez aún está lejos.

Generalizando mucho, podemos decir que será más fácil que las agresiones que pueda sufrir el neurodesarrollo en esta etapa anatómica causen anomalías en la estructura de los órganos del sistema nervioso central, lo que inevitablemente causará una disfunción encefálica.

  1. Neurodesarrollo de la autonomía motora

Es evidente que al nacimiento el cerebro no está completamente desarrollado, le queda mucho camino por recorrer. Y en ese camino los 3 primeros años de vida van a ser cruciales. Durante estos años las personas adquirimos autonomía y dominio de las funciones motoras conscientes de nuestro organismo.

El cerebro es un órgano que solo sirve a los seres vivos que se desplazan de un lugar a otro. Los seres vivos “estáticos” carecen de cerebro, de sistema nervioso. Esto es lógico, pues el cerebro es nuestro órgano de relación, el que nos permite analizar el medio para dar una respuesta adaptada a lo que sucede en cada momento. A su vez, al movernos, nuestra capacidad de modificar el medio es mucho mayor que la de los organismos que están quietos.

La importancia del movimiento se ve reflejada en la “distribución” de tareas que tienen las células encefálicas. De los aproximadamente 100.000 millones de células que tiene el cerebro humano adulto, la mitad se encargan de elaborar la información y coordinar los movimientos, mientras que la otra mitad se concentra en las funciones conscientes y “superiores” de nuestra mente, que casi siempre tienen relación y se coordinan con la realización de un movimiento.

Volvamos al neurodesarrollo, en los 3 primeros años de vida la velocidad con que avanza sigue siendo muy rápida lo que coincide con la máxima velocidad de crecimiento craneal que alcanzamos en la vida postnatal. La circunferencia craneal media pasa de los 34 cm a los 50, ¡eso son 16 cm de diferencia! Nunca volverá a crecer tanto en tan poco tiempo.

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Ya sabemos que el crecimiento cerebral postnatal se produce más porque las neuronas aumentan sus conexiones, y por tanto su tamaño, que porque aumente su número.

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Pensemos en un recién nacido: no puede hacer nada por sí mismo, ni siquiera cambiar de postura. En cambio, un niño de 3 años hace tiempo que ha aprendido a andar solo –también corre, salta, sube escaleras o chuta una pelota–, tiene ya preferencia por una mano para las tareas complejas –comer o garabatear–, domina el habla –aunque no el lenguaje–, y es capaz de controlar esfínteres –de modo que ya sabe utilizar un orinal–.

Todo ello supone motricidad, movimiento, neurodesarrollo de los circuitos motores. Sí, incluyendo el del habla, como ya vimos en la entrada sobre habla y lenguaje.

En este período tan sensible, las agresiones cerebrales provocan más fácilmente daños difusos. Es en esta etapa cuando se diagnostica con certeza la parálisis cerebral –hacia el año de vida–, y empiezan a detectarse los retrasos del lenguaje y la interacción social.

  1. Neurodesarrollo del lenguaje y del conocimiento del entorno

En los siguientes 7 años, de los 3 a los 10 años, la velocidad del neurodesarrollo –y del desarrollo en general– se enlentece. Sigue con buen ritmo, pero mucho más lento que en los 3 primeros años de vida. En estos años de la infancia las personas adquirimos el dominio del lenguaje y con él aprendemos a comprender el mundo que nos rodea.

A nivel corporal, un niño de 3 años tiene ya todos sus dientes de leche, el abdomen ya no es redondeado y la longitud del tórax supera la de la cabeza, pierde el aspecto de bebé y se hace más longilíneo. El crecimiento corporal va haciéndose cada vez más evidente, y aproximadamente aumenta unos 3 Kg de peso y 7 cm de longitud por año.

La circunferencia craneal pasa de 50 cm a los 3 años, a 53 a los 10 años: aumenta “solamente” 3 cm. En esta etapa, aunque siguen construyéndose nuevos circuitos neuronales, predomina la consolidación de los circuitos formados en la etapa anterior. La mielina va envolviendo los circuitos que se hacen más consistentes con el uso y así va engrosándolos, siendo este aumento de grosor lo que más hace crecer el cerebro en esta etapa.

Este enlentecimiento del crecimiento se corresponde con una disminución del apetito y del ritmo de las comidas, y con menos necesidad de horas de sueño, en la mayoría de los niños desaparece la siesta.

En cuanto al neurodesarrollo predomina aquí el progresivo dominio del lenguaje y con él, la evolución del pensamiento, la comprensión del entorno y la sociabilidad.

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Puesto que la principal función del cerebro humano es relacionarse con el entorno, necesita de una herramienta que le permita comprenderlo, hacerlo suyo, para transmitirlo a otros.

El lenguaje es la principal herramienta de comunicación humana y en la que sustentamos todo nuestro conocimiento.

Podríamos distinguir dos períodos más diferenciados en esta etapa según lo que predomine en cada uno de ellos:

  • De los 3 a los 6 años predomina el dominio progresivo del lenguaje

Se amplía el vocabulario: desde unas 100 palabras a los 3 años a 2.000 a los 6

  • De los 6 a los 10 años predomina el desarrollo del pensamiento formal

Con el dominio del lenguaje, mejora la comprensión del entorno y se adquieren nuevos conocimientos basados en la lógica de lo concreto

Los trastornos del lenguaje son ya evidentes en esta etapa y afloran las dificultades en los aprendizajes formales, muy probablemente relacionadas con la falta de maduración y consolidación de los circuitos que posibilitan la adquisición de los aprendizajes académicos.

En esta etapa se confirma el diagnóstico de autismo y puede hacerse diagnóstico de Trastorno por Déficit de Atención-Hiperactividad –TDA-H–. No es infrecuente que en un mismo niño encontremos varios problemas a la vez.

  1. Neurodesarrollo de la identidad

A partir de los 10 años, y hasta los 20, se producen cambios muy rápidos y drásticos en el tamaño y la constitución corporal, que se acompañan de cambios psicológicos y en la autonomía personal y las relaciones sociales. La revolución final que lleva a la madurez adulta. Nuevamente se acelera el neurodesarrollo, y esta vez de verdad… Los humanos dedicamos estos diez largos, pero intensos años, a “esculpir” nuestra personalidad, a elaborar nuestra identidad, un proceso que continuará a lo largo de toda la vida, pero que sienta sus bases en la adolescencia.

Todos sabemos que la adolescencia es la etapa de la maduración sexual, pero no es tan conocido que al alcanzar la madurez sexual comienza el declive cerebral.

La característica principal del cerebro adolescente es el “despertar” del hipotálamo. De repente, aún no sabemos bien como, el hipotálamo empieza a estimular la hipófisis para que las hormonas sexuales comiencen a liberarse. Esto madurará los órganos sexuales y provocará los bien conocidos cambios corporales de la adolescencia.

La maduración sexual y la cerebral terminan simultáneamente.

Mientras que el crecimiento corporal y de los miembros es espectacular a esta edad –el famoso estirón–, siendo el aumento de la talla de unos 7 cm/año en las niñas y 9’5cm/año en los niños, el perímetro cefálico apenas aumenta 2-3 cm llegando en la edad adulta a una media de 55 cm para las mujeres y 57 para los hombres. Es decir, en estos 10 años el cráneo aumenta su circunferencia unos 2-3 cm. Las características de la maduración cerebral nos dan una vez más la explicación de porque cambios tan importantes no se corresponden con un aumento de tamaño proporcional al que sucede en edades más tempranas.

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Durante la adolescencia se produce una “reestructuración” de las redes neuronales creadas hasta ahora. Al inicio de la adolescencia el grosor de la corteza cerebral es máximo, después empieza a disminuir para alcanzar el mismo grosor que en el adulto al terminar la maduración.

La región cerebral que más cambia en esta etapa es la corteza prefrontal, el lugar donde se toman las decisiones. La corteza prefrontal procesa la información que recibe el cerebro y la analiza, tras formarse un juicio sobre lo que acontece, decide la respuesta más adecuada a cada situación y, cuando procede, frena los impulsos y emociones que resultarían en una conducta inadecuada. En el lenguaje popular se llama “tener dos dedos de frente”.

En la adolescencia se desarrolla la identidad y la capacidad analítica, es la etapa en la que se aprende el pensamiento crítico que nos prepara para la vida adulta.

La mayoría de las enfermedades mentales se manifiestan en esta etapa.

Si hay una alteración del neurodesarrollo, no se hará evidente hasta que no se espere la aparición de la función a adquirir. De modo que las carencias particulares en el neurodesarrollo se ponen de manifiesto a partir de determinadas edades, siendo muy difícil detectarlas con anterioridad.