VOCABULARIO C

VOCABULARIO C

Comorbilidad: Manifestación de dos o más trastornos cuya ocurrencia al mismo tiempo es mayor de la que se esperaría únicamente por azar. Algunos trastornos infantiles y adolescentes que ocurren simultáneamente con más frecuencia incluyen el TD y el TDAH, el autismo y el retraso mental, la depresión infantil y la ansiedad, y el síndrome de la Tourette y el TDAH.

Conductas disruptivas (Tratamiento)

TRATAMIENTO DE LAS CONDUCTAS DISRUPTIVAS EN EL COLEGIO (peleas, hiperactividad, etc.)

Utilizar un procedimiento de AISLAMIENTO cada vez que el niño se pelee o realice conductas próximas a ellas tales como amenazar, empujar, molestar.

Cada vez que ocurran estas conductas se le lleva fuera de la clase o a algún lugar donde se pueda encontrar solo y se le deja allí durante unos CINCO minutos.

Es necesario darle REFORZADORES SOCIALES (prestarle atención, elogiarle, animarle, etc.) cada vez que se porte bien.

REFORZARLE cada vez que se observe que realiza una conducta de JUEGO o de colaboración con los demás compañeros.

Estar «interesados» es un REFORZADOR SOCIAL positivo. Podría incluso, sentarse y prestarle atención durante unos pocos minutos de paz y de tranquilidad.

Todo este tratamiento no significa que no pegará nunca a ningún niño
sino que la idea principal es que, REDUZCA o DISMINUYA la frecuencia de la conducta agresiva.

MODIFICACION DE LA HIPERACTIVIDAD EN EL HOGAR:

Observar las BUENAS conductas y habilidades del niño, elogiarlas y reforzarlas.

Ayudarle a reconocer sus pequeños progresos en los cambios de conducta.

Ofrecerle demostraciones de afecto, caricias, comentarios positivos, etc., cuando realice pequeños avances en conductas tranquilas.

Intentar «sorprender» al niño siendo bueno o haciendo alguna cosa que sea deseable (por ejemplo: estudiar al menos unos minutos, por escasos que sean), recompensarle con una alabanza, elogio, sonrisa, etc.

Intentar ver el lado positivo de las cosas, ayudarle a descubrir el humor y a reírse de sí mismo a la vez.

Implicar al niño en el establecimiento de REGLAS, NORMAS, REGULACIONES, de la conducta en la casa.

Darle responsabilidades familiares razonables y tareas adecuadas a sus aptitudes.

Explicar al niño lo que sienten los padres cuando realiza conductas que no son adecuadas.

Emplear los castigos físicos (unos azotes) únicamente cuando sea muy necesario y darle inmediatamente unas normas de actuación correcta.

Observar al niño las veces que está tranquilo o sentado sin molestar.

Reforzarlo cuando se observe al niño tranquilo, se le presta atención.

Reforzar las conductas contrarias al excesivo movimiento como son las conductas de juego y colaboración con los compañeros o amigos, hermanos, etc.

Pedir al niño que realice tareas sencillas y tranquilas (que pinte dibujos, que construya), y aprovechar dichas tareas para prestarle ATENCION.

Podría leerle o hablarle varias veces al día durante períodos de tiempo cortos para que esté tranquilo.

Se le pueden anotar PUNTOS en su carnet por cada minuto que permanezca tranquilo y posteriormente cambiarle los puntos que obtenga por objetos que sean de su agrado, exigiéndole cada vez más tiempo para poder conseguir más puntos.

Los padres deben esperar, CAMBIOS LENTOS al principio y en los primeros días.

Comentar con los demás hijos los logros y buen comportamiento que está experimentando el niño.

Cuando se observe al niño peleándose con los hermanitos, se le debe RETIRAR del lugar donde se encuentre y colocarlo en un lugar solo hasta que decida que no va a seguir con la conducta de pelea.

Durante el período de tiempo que el niño esté aislado no debe tener juguetes ni diversiones a su alcance.

El niño debe permanecer retirado durante unos CINCO minutos.

Trate de ignorar el excesivo movimiento y ajetreo de su hijo. No le preste ATENCION salvo cuando la conducta sea extremadamente alborotadora o peligrosa.

Durante una semana dedíquese a anotar en su block de notas todos aquellos momentos en que observe al niño realizando una conducta tranquila como por ejemplo: ver TV, leer cuentos, dibujar, entretenerse jugando, etc.).

Registrando y observando estas conductas Ud. aprenderá a conocer cuándo es el momento adecuado para REFORZAR al niño. Entonces es el momento idóneo para alabar, elogiar y premiar al niño diciéndole que está consiguiendo mejorar su conducta.

No le dé demasiadas instrucciones del tipo: « … estáte quieto», «no hagas eso», etc.

Búsquele actividades distractorias que le gusten: juegos, rompecabezas, pinturas, dibujos, cte. AYÚDELE Y COLABORE con él. El niño aprenderá a obtener ATENCION de Ud. cuando está tranquilo y sosegado.

No sea Ud. un MODELO negativo para su hijo. El niño no debe observar en los padres una intranquilidad notoria, ni excesivo nerviosismo, ni demasiado movimiento desasosegado. El niño aprende imitando las conductas de los padres.

Ponga en práctica estas normas sistemáticamente de un modo continuado aunque no observe resultados espectaculares inmediatos. No lo realice a medias. Aplique estas normas consistentemente.

Para ampliar este tema, recomendamos la bibliografía de Antonio Vallés Arándiga.

E L C A S T I G O

-I-

3.9.- Control punitivo. EI uso del castigo para controlar la conducta trae consigo graves problemas. Seamos conscientes de los efectos secundarios conocidos y sospechados que produce esta técnica:

3.9.1 – El castigo no es constructivo. La conducta se fortalece con el refuerzo positivo, el castigo sólo sirve, en el mejor de los casos, para debilitarla. Los alumnos cuyas conductas han sido formadas a través del castigo no saben cómo actuar, sino sólo cómo no actuar.

3.9.2 – El castigo rara vez es permanente. Un castigo moderado no sirve más que para suprimir la conducta a la que sigue. A menos que una conducta incompatible y apropiada sea reforzada positivamente y se haga que elimine la conducta castigada, ésta volverá a aparecer después de poco tiempo.

3.9.3 – El castigo sólo sirve para una situación concreta. El castigo no enseña a la gente a comportarse; puede que les enseñe a no portarse mal en un momento determinado y en un lugar concreto.

3.9.4 – El castigo supone mucho trabajo. Para que el castigo sea efectivo ha de ser impartido inmediatamente y de forma consistente. Esto obliga a que la persona que lo administra deba estar vigilando continuamente, porque la conducta anómala que no se detecta escapa al castigo. La evitación del castigo produce el mismo efecto que el refuerzo positivo: fortalecer la conducta anómala.

3.9.5 – El castigo no es divertido. Dado que el castigo provoca cólera, frustración y reacciones agresivas, los lugares en los que se usa se convierten en sitios tristes.

3.9.6 – El deterioro que el castigo puede producir sobre las relaciones socio-afectivas entre castigador y castigado es imprevisible. En esa relación es donde germinan los valores y actitudes deseables.

REFUERZO POSITIVO

-2-

3.10.- Control positivo. Veamos los efectos del refuerzo positivo sobre la conducta. Contrastándolos punto por punto con los ya señalados del castigo:

3.10.1. El refuerzo positivo es constructivo. Fortalece la conducta a la que sigue. Sirve para enseñar nuevas habilidades. El castigo no es constructivo (3.9.1.)

3.10.2. El refuerzo positivo crea conductas que perduran. El castigo no (3.9.2.)

3.10.3. La conducta que se establece por medio del refuerzo positivo se generaliza frecuentemente a nuevas situaciones. El Castigo no (3.9.3.)

3.10.4. El refuerzo positivo es eficaz. Uno no tiene que reforzar cada aparición de la conducta apropiada para formar un hábito. Con el castigo no ocurre lo mismo (3.9.4.)

3.10.5. El refuerzo positivo es divertido. Hace que los profesores y los alumnos se sientan bien. El castigo no es divertido.(3.9.5.)